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Abre sus puertas la obra cultural más importante de Latinoamérica

Filosóficamente hablando

Me apasiona todo lo que tenga que ver con la cultura y, por supuesto, aplaudo a todo aquél que haga algo por acercarla a la gente.

En nuestra presentación decíamos que uno de nuestros objetivos como difusores de la cultura es “desdibujar los límites entre la llamada cultura académica , más elitista, y la llamada cultura popular…”, esto en relación a que subyace el prejuicio de que la cultura o lo culto está reservado por no sé qué estúpido privilegio a algunos miembros de nuestra sociedad por sobre otros.

La cultura, como la realidad, como la vida misma, no se divide en compartimentos estancos. Ni lo culto es totalmente culto, ni lo popular lo es totalmente, dado que unos y otros comparten elementos comunes, se travasan mutuamente.

Se evidencia que muchos elementos de lo culto se han nutrido de lo popular y viceversa, enriqueciéndose mutuamente y por fin, desdibujando los límites entre ambos, fusionando ricamente todo lo que podemos compartir, desnudándonos de prejuicios.

Quizás en esa tendencia humana a ponerle nombre a todo, a acotarlo, es que surge el término contemporáneo a modo de combinado entre lo culto y lo popular. Por ejemplo, en relación a la música se distingue entre música culta, música popular y música contemporánea, entendiendo a esta última como la rica combinación entre ambas, la natural convivencia de elementos de una y otra que, más que diferenciar o dividir, enaltece.

Quizás deba pedirte perdón, querido lector, por lo profano de mi análisis; tal como decía en otra ocasión “no somos académicos del arte y la cultura…”, aún así me siento plenamente libre de dar mi opinión al respecto, como parte de una sociedad que intenta defender las manifestaciones culturales en todos sus espacios, en un tiempo difícil para hacerlo.

Por otra parte no creo que haya buenos y malos espectadores (oyentes, visualizadores) de la cultura. Las personas que disfrutan de verdad la cultura y el arte son capaces de encontrar la belleza y emocionarse hasta la fibra más íntima, de transportarse a otro mundo admirando una obra pictórica o escuchando una pieza musical.

Aún así, y aunque cada uno de nosotros tiene un gusto estético y estamos muy poco dispuestos a cambiarlo, somos almas sensibles capaces de captar belleza, emoción, arte en lugares poco frecuentes. Creo que desde esta visión surge un profundo respeto a cualquier manifestación cultural, aún a  aquellas que no consideraríamos tradicionalmente cultas, si se encuentra belleza en ellas.

 

Por qué toda esta perorata

Corren tiempos difíciles para la educación y la cultura. Lo que era considerado un tesoro en otros tiempos hoy es pisoteado y desvalorizado por quienes deberían ser guardianes de estos valores. Todo está altamente tecnocratizado, si vale la expresión, para referirme a la falta de molla, de esencia, de contenido por sobre la valoración numérica en todos los ámbitos. Vale más el continente en estos casos. Este término aplicado hoy a los gobiernos nos da una muestra de en cuán simplista y superficial quiere transformarse el pensamiento, la acción de los pueblos, y así, ser más fácilmente manipulable.

Demasiadas alas se han dado a las clases populares para acceder a niveles de educación impensados en otros tiempos: Cómo osan los hijos de obreros acceder a las universidades. Para ello en la España de los últimos años se han aplicado con ligereza medidas que realmente son burradas en manos de quienes responden a intereses puramente económicos y corporativos,  mercantilizando la educación al servicio de objetivos empresariales.

Sin embargo, no todos creen que deba ser así.

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Cultura de inclusión

En Argentina ha quedado inaugurado esta semana el más grande centro cultural de Latinoamérica y el tercero más grande del mundo. En el histórico Palacio de Correos y Telégrafos (declarado Monumento Histórico Nacional en 1997 y cuyo mobiliario también fue reconocido como patrimonio histórico), fuera de servicio desde 2006, con una superficie total de 116.884 metros cuadrados, el centro cuenta, entre otras cosas, con 16 salas de ensayo, una para orquesta y otra para coro, 6 auditorios multimedia de 145 m2  con 104 butacas; una sala de cámara de 500 m2 con capacidad para 500 personas; la llamada Ballena azul, una gran sala sinfónica de 2200 m2 con capacidad para 1950 espectadores.

Esto constituye la puesta en valor y preservación de un edificio histórico y emblemático en la ciudad de Buenos Aires, que en otras mentes solo cabía hacerlo a través de la privatización dándole la finalidad de centro comercial.

La economía tiene que estar unida también a la promoción de estos acontecimientos. No necesariamente cuando se crece económicamente, se crece culturalmente. Se puede crecer económicamente y, sin embargo, no prestar la atención a la cultura. No es este el caso. Aquí, donde otros hubiesen proyectado un Centro Comercial, se eligió concretar un Centro Cultural.  Aquí la música coral y sinfónica, las artes escénicas y la literatura tendrán su lugar, accediendo a ellas todos cuantos quieran hacerlo:  Todas las actividades y exposiciones del Centro son gratuitas.

www.lalupaweb.com-CCK3“La Ballena Azul, la “vedette” y corazón del centro. Con un aforo casi igual al del Musikverein vienés, aunque menor al de la Berliner Philharmonie, la hermosa Ballena Azul es una de las salas sinfónicas más grandes del mundo, en una ciudad y en un país donde, hasta la inauguración de la Usina del Arte, se carecía por completo de salas de ese tipo, dado que el Teatro Colón es en verdad una sala eminentemente lírica. La importancia de esta sala, como la recuperación misma del espacio del Palacio de Correos, está fuera de discusión.
Con sus patas que la separan del suelo y la malla metálica que la recubre, la Ballena impresiona por fuera, pero más al ingresar. Lo que importa en una sala sinfónica es su comportamiento acústico y, en este punto, la Ballena es irreprochable. Se lo pudo constatar en tres situaciones diferentes: el ensayo de la Sinfónica Nacional de una versión de Adiós Nonino, de Ástor Piazzolla; el último movimiento de la Sonata Claro de luna, de Beethoven, que tocó Horacio Lavandera, y Tocata y fuga en Re menor, de Bach, en el órgano alemán de la marca Klais.” (diario La Nación) Y será, desde ahora, la casa, la sede de la Orquesta Sinfónica Nacional, que hasta ahora no la tenía.

El Centro cuenta con cuatro áreas de actividades: artes visuales, música, artes escénicas y literatura.

La obra, proyectada por arquitectos argentinos, se constituirá en el Centro Cultural más grande de Latinoamérica, con la envergadura de edificios culturales como L’ Auditori, de Barcelona; el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, de Madrid; el Tate Modern de Londres  y el Centro Nacional de Arte y Cultura Georges Pompidou, de París. Y ninguna de las intervenciones realizadas -ni tampoco las nuevas incorporaciones arquitectónicas del conjunto- dañarán el estilo neoclásico de esta joya arquitectónica proyectada por el francés Norbert Maillart, que comenzó a construirse en 1889 pero que recién se inauguró en septiembre de 1928, producto de las sucesivas crisis.

El Centro Cultural lleva el nombre de quien impulsó su creación, el ex presidente Néstor Kirchner. La idea era contar con un espacio moderno, amplio y diverso dedicado a las artes visuales, las artes escénicas, la educación, y demás manifestaciones artísticas, como parte de un proyecto que continuamente busca propiciar la inclusión, la participación popular y facilitar el acceso a los bienes culturales de toda la comunidad.

Es una obra clave para el país, que permitirá que todos los argentinos puedan acceder a la cultura, a través de una programación amplia, diversa y de calidad, en un espacio pensado para tal fin, con una infraestructura a la altura de los principales centros culturales del mundo, y dotado de la última tecnología. Sin dudas, el Centro Cultural Kirchner no sólo será relevante para las generaciones presentes, también será un legado invaluable para las generaciones futuras.

Para mayor información, accede a su página desde aquí

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