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Altamira, tibio, tibio

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Confieso que leer el apellido Botín en la producción me produjo cierto escozor, sobre todo cuando el protagonista de la peli es un antepasado de la familia del banquero. Es inevitable pensar en el autobombo, la propaganda y el autohomenaje. La crítica en este aspecto no fue benevolente, sin embargo accedí a verla: los temas históricos me pueden; quise rescatar este aspecto en positivo, siempre veo bien enorgullecerse de las historias de un pueblo y a Cantabria no le vendría nada mal.

Basada en la historia del descubrimiento de la Capilla Sixtina del Paleolítico, tal como se conoce a las cuevas de Altamira, la película narra que fue María Sanz de Sautuola, mujer del primer Botín presidente del banco, la niña que a sus ochos años descubrió las Cuevas de Altamira y ‘unos bueyes’ pintados en el techo cuando paseaba con Marcelino, su padre. Los Sanz de Sautuola eran una familia de hidalgos montañeses propietarios del mayorazgo de Puente San Miguel. El hombre, arqueólogo aficionado, no contaba con la aprobación de la Iglesia Católica, que consideró que afirmar que aquellas pinturas eran obra de prehistóricos salvajes era un ataque a la Biblia. A esta férrea oposición se le unió la comunidad científica en la voz de Emile Cartailhac, entonces una autoridad en Prehistoria, quien le acusó de fraude. Marcelino Sanz de Sautuola murió como un estafador, sin saber que años más tarde Emile Cartailhac entonaría el mea culpa y que la Unesco reconocería las cuevas como Patrimonio de la Humanidad. Esta historia tan real es el argumento de la película que ahora Lucrecia Botín, bisnieta de la niña María, ha llevado a la gran pantalla a través de su productora Morena Films.

La cinta sin embargo deja una sensación agridulce, más bien de miniserie televisiva, es decir, una hermosa fotografía, muy buen vestuario y ambientación, pero algunos flecos sueltos que no le dan el nivel de película que aspire a algún premio. El guión es muy simple, y entre los actores rescato a Antonio Banderas, de cuyo nombre se han valido seguramente para darle altura a la peli, y poco más. La niña, Allegra Allen, bien, por momentos; Golshifteh Farahani, la actriz que da vida a la esposa de Marcelino, no convence y su proceso de envejecimiento, menos aún; Rupert Everett, como el Obispo, muy forzado. Otra curiosidad es que la banda sonora corre a cargo de Mark Knopfler, cantante de Dire Straits y no acompaña demasiado. Lo realmente malo es la dirección de Hugh Hudson, fuera de estado totalmente.
Aún así, como dije, la historia puede más y los paseos por Comillas, Castro Urdiales y Santillana del Mar suplen los defectos.

  • Lo mejor: Antonio Banderas
  • Lo peor: Todo lo que no sea Antonio Banderas.

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