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El bello durmiente

 

  • Por Mónica Rubalcaba

www.lalupaweb.com-bello-durmiente (2)Esta pequeña “isla” en medio de nuestra cocina, nuestra mesita desayunador (y almorzador y cenador, a decir verdad, porque nos gusta más comer aquí apretaditos que en la mesa larga del comedor), está hecha de un durmiente de ferrocarril. Es de quebracho, durísimo. Tiene una historia interesante: llegó a nosotros robado a Ferrocarriles Argentinos allá por comienzos de los ’90; en verdad no eran ferrocarriles argentinos, eran los ferrocarriles privatizados del menemismo, el desastre concretado entre 1991 y 1993. Entre Daniel y Rubén Werba se montaron un durmiente tirado al costado de las vías, en Bernal –esos que se sacan para renovarlos con otros- y lo cargaron en la “Renoleta” verde de Rubén, aplastada por el peso del durmiente. Llegó a nuestra casita casi casi a punto de ser estrenada –la construimos entre el ´93 y el ´94- y, cortado al medio (puteadas mediante del Tano, el del aserradero de la esquina) pasó a ser nuestro pasaplatos, pretencioso nombre que recibía en nuestra casita el espacio entre la cocina y el living, es decir, el mismo ambiente.www.lalupaweb.com-bello-durmiente (1)
Hoy está cortado nuevamente al medio, es decir, son cuatro partes del durmiente original, y forman esta mesita, esta isla. Me encanta; todo el que viene a casa la elogia, es cálida, sencilla, es linda. Nuestra casita fue, con los años, una casa grande; el living logró su independencia y construimos una cocina cómoda. Aquí está, como un corazón, el durmiente. El bello durmiente.
En aquella época en que era aún un pasaplatos, vino un amigo de entonces –que los años fueron perdiendo en la distancia- a visitar “la casita” (así la llamábamos). El muchacho en cuestión estaba empezando a dedicarse a la carpintería. Miró el durmiente, lo tocó, apreció los muchos agujeros e irregularidades que tenía para servir de mesa, y largó su sentencia: “Enchapalo”.
¡Enchapalo!. No entendía nada.
Poco tiempo después dejamos de verlo. Era un buen tipo. Pero para siempre, entre nosotros, pícaramente, perdió su nombre propio y lo llamábamos “Enchapalo”.
www.lalupaweb.com-bello-durmiente (4)Enchapar esta madera rústica hubiera sido ocultar sus dolores, y también su belleza. Hubiera sido uniformar sus irregularidades para volverla funcional a nuestras necesidades, o más bien, a nuestras comodidades.
Esta madera tiene una historia, tiene marcas, tiene heridas. En sus huellas quedan miguitas, hay que limpiar más dedicadamente; o, como hicimos desde hace un tiempo y ganando espacio sobre el vacío que se abre entre los cuatro maderos, colocamos un vidrio que nos permite comer en ella, pero sin dejar de ver su personalidad, sus rugosidades.
A veces me parece que las personas se enchapan el alma, para no ver. Las huellas están, pero le pasan un trapito por el laminado de fórmica que se pusieron, y ni se enteran de que las heridas y las alegrías aún están debajo, latiendo…

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