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Islamofobia NO, gracias

No. Me niego. No voy a calzarme ninguna bandera. Ningún símbolo. Ninguno. En varias ocasiones he caído en la tontuna del #JeSuis o del #TodosSomos. No voy a caer en lo que quieren que caiga: criminalizar a un sector de la humanidad en favor de otro.

Yo no soy nadie, o soy todas las víctimas inocentes de París, pero también las de Siria, Libia, Iraq, Afganistán, Yemen, Líbano.

¿Pero qué es esto? ¿A quién le hacemos el juego? ¿No hemos tenido bastante a lo largo de la historia? ¿No tenemos bien aprendido que estamos ante una guerra de poderes, de dinero, de negociados, de intereses?
Sin duda la de París fue una noche triste, muy triste. Y terrorífica. Como también lo son las noches de aquellos que huyen de la barbarie. Imagina por un momento que esto de París pasara todos los días y todas las noches, una y otra vez, sin parar. Y que ya no hay más Tour Eiffel, ni Sacré-Coeur, ni Notre Dame. Imagina que no hay un puto rincón en el que estar a salvo. Ni en París, ni en Madrid, o Londres, o Washington, ni en tu ciudad, la que se te ocurra. Pero cada día, cada noche. Bien, pues esto es lo que pasa cada día en los países de los que huyen los refugiados. ¿Qué creía Europa? ¿Qué creía EEUU, que crear un monstruo le iba a salir gratis? Lo que lloramos hoy en París es lo que sufren todos esos a los que les negamos el paso en la frontera.

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Foto Unicef/Flickr

No estoy minimizando el horror sufrido por gente inocente en París, por favor, que se me entienda, o mejor dicho, que logre explicarme claramente. No estoy justificando nada. Estoy diciendo que las decisiones tienen consecuencias. Estoy diciendo que es necesario entender las causas políticas de la atroz masacre del viernes en París, que tenemos que aguantarnos a los aznares diciendo que este acto de guerra tiene un precio, pero que no lo va a pagar él, lo sabes. Estoy diciendo que las víctimas son siempre las mismas, siempre los inocentes, siempre los más débiles. Estoy diciendo que esta bonita fiebre impulsiva que corre en las redes sociales de cambiar la foto de perfil tiñéndola de los colores de turno y que tranquiliza nuestras conciencias creyendo que con eso ya hemos ayudado a las víctimas, no va conmigo. Y es peligrosa, porque se está admitiendo que hay muertos de primera y de segunda, porque no nos dieron la opción de utilizar la bandera del Líbano, ni de Siria. No. Basta.
Esto es mucho más serio y complicado de lo que creemos. Millones de personas son asesinadas por las guerras de los que mandan. Políticos y periodistas, que no están para informarnos sino para convencernos, siembran el odio y el miedo. Los mercados, esos entes sin rostro que mandan sobre políticos y periodistas, los verdaderos dueños del mundo; compran, venden y financian voluntades, poder, petróleo, armas, pueblos, guerras, lo que sea. Su dinero es infinito y poderoso, como los nombres de sus operaciones militares:  ‘Guerra eterna’, ‘Justicia infinita’,  ‘Libertad perdurable’, ‘Odisea del amanecer’, ‘Tormenta del desierto’, ‘Causa justa’, ‘Plomo fundido’.
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Estoy leyendo ahora mismo que ya han capturado a sospechosos y dos coches posiblemente utilizados en los ataques del viernes. Detienen a seis personas relacionadas con uno de los terroristas de Bataclan. Asombra la rapidez con la que se van conociendo los hechos: número de terroristas, entorno, número y marca de coches, tipo de material utilizado, todo muy rápidamente. Y Manuel Valls, Primer ministro de Francia puede decir: “Estamos en guerra. Devolveremos golpe por golpe”.
Y veo que ya tiene el gobierno francés la excusa para bombardear países y cerrar fronteras a los refugiados por la guerra. Guerra que no se inicia hoy, Monsieur Hollande, guerra que se inició hace al menos 5 años y usted lo sabe.

 

 

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