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Parejas a corto plazo ¿Y tú?… ¿eres una de ellas?

  • Por DHR, socióloga

El conocido filósofo y sociólogo Zygmunt Bauman, autor de innumerables obras, nos invita hoy a reflexionar a través de su trabajo “Amor líquido”, sobre la fragilidad de los vínculos humanos y sobre cómo el sistema de mercado laboral actual está transformando las relaciones humanas, incluso las de pareja.

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Numerosos autores sostienen que “así como el trabajo se transforma, la percepción que tienen los individuos sobre su vida y sobre sus relaciones personales también lo hacen”. La realidad es que las instituciones están cambiando y con ellas también nosotros. Entonces, ante un modelo laboral flexible, eventual y permeable en el que sus miembros no crean entre sí relaciones duraderas sino efímeras, (consecuentes con los traslados y cambios de trabajo) ¿Cómo sostener un modelo de pareja a largo plazo? ¿Cómo no ceder ante los comportamientos imperantes de flexibilidad e inmediatez?

Los cambios ideológicos que se producen van conformando nuestro pensamiento y la forma de vida que llevamos, por ello se torna difícil poder explicar a las generaciones más jóvenes el “otro mundo” del sacrificio, el compromiso y la lealtad. Los valores que aportan al ser humano una estabilidad psicológica son contradictorios con los vigentes en el mundo laboral. Estas experiencias desarticuladas amenazan la capacidad de la gente de consolidar su carácter en planteamientos duraderos de la propia vida. Los valores actuales no concuerdan con los que la sociedad nos exige para tener éxito personal, entonces ¿cómo no transmitir esos valores a nuestras relaciones personales?

 

El “deseo” conlleva el anhelo de consumir, devorar, ingerir al objeto amado y simplemente desecharlo cuando no sirva. Por otro lado sentir “amor” se relaciona más con un sentimiento de preservar el “objeto” querido, implica el impulso de proteger, de nutrir, de dar refugio, acariciar, mimar.

En el caso de las parejas, y especialmente de las parejas sexuales, satisfacer las ganas en vez de un deseo implica dejar la puerta abierta a “otras posibilidades románticas” que podrían ser más satisfactorias y plenas. Cuando la relación está inspirada por las ganas, sigue la pauta del consumo y sólo requiere la destreza de un consumidor promedio, moderadamente experimentado. Al igual que otros productos, la relación es para consumo inmediato (no requiere preparación adicional ni prolongada) y para uso único, “sin prejuicios”, es descartable. Lo que ocurre, es que si “la relación” resulta defectuosa o no es “plenamente satisfactoria”, puede cambiarse por otra, que se supone más satisfactoria. Pero aún en el caso de que el “producto” (relación de pareja) cumpla con lo prometido, ningún producto es de uso extendido: después de todo, coches, ordenadores o teléfonos móviles perfectamente usables y que funcionan relativamente bien van a engrosar la pila de desechos con pocos o ningún escrúpulo en el momento en que sus “versiones nuevas y mejoradas” aparecen en el mercado y se convierten en comidilla de todo el mundo, por ello ¿Acaso hay una razón para que las relaciones de pareja sean una excepción a la regla?

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